miércoles, 7 de enero de 2009

Motivos Personales

La primera en la frente. Primer día lectivo de este 2009 y nos hemos quedado de brazos cruzados esperando a la profesora. “Motivos Personales”, como aquella serie de la que nadie se acuerda ya, se excusa en un anuncio en la web.

Supongo que habrá sido casualidad, pero vaya forma de volver a la rutina. En estos casos hay dos formas de tomarse las cosas: podemos tomarlo como un regalo de reyes, en el que para hacernos más llevadero la “vuelta al cole” comenzamos poco a poco; primero vamos al aula pero no damos clase y luego un fin de semana para recuperarnos del shock. La otra opción es poner a parir a la profesora por hacernos volver de vacaciones para mirarnos las caras.

Bueno, no sólo las caras. En clase había algo más que hoy llamaba la atención de todo aquel que pasaba por delante del panel de corcho. Año nuevo, vida nueva, calendario nuevo. En este caso algo “cutre pero con buena intención” como dijo Elpidio.

Ese calendario, al margen de todo comentario hormonados, tiene una tierna historia de compasión. Llamémosla “Cuento de navidad en Atzavares”:

Erase una vez un grupo de estudiantes, cansados y desanimados que se encontraban trabajando en su proyecto de publicidad en el último turno del último día de clase antes de Navidad. Entonces llamaron a la puerta del aula un grupo de chicas de Ciencias del Deporte, ataviadas con un gorrito de papa Noel y cajas de cartón que parecían pesar mucho.

-Una ayudita para nuestro viaje de fin de carrera, por favor. Los 6 alumnos que estaban en clase se rieron de la iniciativa y continuaron con sus quehaceres. Las chicas volvieron a insistir y sacaron su arma letal: el calentario, perdón calendario; y es más, lo abrieron para mostrar el interior –literalmente- de sus intenciones.

Aquel profesor ensimismado que hasta ahora estaba al margen, volvió a la tierra para apoyar la iniciativa. Excusó que su interés era por ver la calidad de las imágenes, pero todos sabemos que era por otro motivo…
(no penséis mal, quería ver cuándo caían las fiestas de Pascua)

La cuestión es que aquel profesor ensimismado infundió a sus alumnos el Espíritu de la Navidad y aquellos 6 compañeros que antes se rieron, ahora buscaban entre sus carteras un euro para comprar entre todos aquel calentario.

Entre risas, hormonas y caras de sorpresa, el almanaque acabó colgado en el corcho de clase y serán esas mismas páginas las que marquen el paso de los días y de la llegada de los exámenes. Aunque mucho me temo que haya que apuntar las asignaturas entre los bates de beisbol para asegurar que el mensaje llegue aunque se pierdan los ojos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Menuda vuelta! ... aunque a Bea se lo perdonamos... (o al menos yo).

¡Suerte con los trabajos!

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