Cuando aquel señor de la India inventó el parchís no podía imaginarse que ese juego se convertiría en la sobremesa más famosa hasta que llegara la televisión. Unas reglas de juego sencillas que nadie se plantea saltarse y si algún ‘rebelde’ no quisiese jugar tal y como lo estipuló nuestro amigo el hindú, no tendría más problemas que inventar otro juego. Así fue como nació el tres en raya o el Juego de la Oca, pero ninguno de sus creadores habría pensado en enzarzarse en una reyerta con el diseñador del Parchís.
Ahora les propongo un juego, cambien la figura de aquel señor hindú por la institución eclesiástica, el Parchís por la palabra Familia y a los ‘rebeldes’ que inventaron el tres en raya por las personas que exigen a la Iglesia que ellos también son un matrimonio, pese a ser los cónyuges del mismo sexo. ¿Cuál es la diferencia?
Gritos, insultos, silbidos y abucheos. Esta es la tónica habitual de las manifestaciones que ambos lados organizan para defender sus posturas. Si ambas partes comparasen el problema con lo sucedido con los juegos de mesa, comprenderían que los dos tienen razón.
Los homosexuales tienen derecho a unirse, ¿qué mal hace el amor? ¿y si ese amor es entre personas del mismo sexo?. La Iglesia reconoce a estas personas. Por suerte ya no las trata como seres incivilizados, lo único que defiende, es que el significado de Familia, que ellos inventaron, implica el matrimonio de un hombre y una mujer. Los homosexuales si quieren unirse y ser reconocidos por la sociedad deben de comprender que no será moviendo las fichas del parchís en el sentido contrario al establecido, sino inventando otro juego. Deben de usar otro juego como el Tres en raya.
La única diferencia es en la semántica. Unos defienden sus conceptos milenarios. Otros buscan la igualdad social. Una solución fácil, que en ciertas ocasiones es difícil de percibir. Difícil por que los ruidos innecesarios que usan ambas partes, impiden que fluya el lenguaje. Unos ruidos transformados en banderas nacionales o multicolores. Ruidos de crispación y politiqueo entre ambos lados. Ruidos de ignorancia que impiden escuchar el lenguaje. Un lenguaje necesario para encontrar la salida. El lenguaje, causa y medio. En él está el problema y con él la solución. Sólo falta que cada uno deje jugar al otro la partida en paz. ¿A quién le toca?
Ahora les propongo un juego, cambien la figura de aquel señor hindú por la institución eclesiástica, el Parchís por la palabra Familia y a los ‘rebeldes’ que inventaron el tres en raya por las personas que exigen a la Iglesia que ellos también son un matrimonio, pese a ser los cónyuges del mismo sexo. ¿Cuál es la diferencia?
Gritos, insultos, silbidos y abucheos. Esta es la tónica habitual de las manifestaciones que ambos lados organizan para defender sus posturas. Si ambas partes comparasen el problema con lo sucedido con los juegos de mesa, comprenderían que los dos tienen razón.
Los homosexuales tienen derecho a unirse, ¿qué mal hace el amor? ¿y si ese amor es entre personas del mismo sexo?. La Iglesia reconoce a estas personas. Por suerte ya no las trata como seres incivilizados, lo único que defiende, es que el significado de Familia, que ellos inventaron, implica el matrimonio de un hombre y una mujer. Los homosexuales si quieren unirse y ser reconocidos por la sociedad deben de comprender que no será moviendo las fichas del parchís en el sentido contrario al establecido, sino inventando otro juego. Deben de usar otro juego como el Tres en raya.La única diferencia es en la semántica. Unos defienden sus conceptos milenarios. Otros buscan la igualdad social. Una solución fácil, que en ciertas ocasiones es difícil de percibir. Difícil por que los ruidos innecesarios que usan ambas partes, impiden que fluya el lenguaje. Unos ruidos transformados en banderas nacionales o multicolores. Ruidos de crispación y politiqueo entre ambos lados. Ruidos de ignorancia que impiden escuchar el lenguaje. Un lenguaje necesario para encontrar la salida. El lenguaje, causa y medio. En él está el problema y con él la solución. Sólo falta que cada uno deje jugar al otro la partida en paz. ¿A quién le toca?
4 comentarios:
Todo empezó el día que supe que no podía ir a Valencia a estudiar.Me sumí en la desesperación durante unos dias, porque vi que todo mi esfuerzo había servido de poco.Yo estaba empepinada en ir a estudiar allí porque mi amiga iba a vivir conmigo (menos mal que no lo hice porque se echó para atrás y hubiera etado más sola que la una) y porque tenía metido entre ceja y ceja que me sería más facil encontrar trabajo desde una ciudad más grande.Pero menos mal que todo fue al revés de como yo quería.Porque estoy casi convencida de que allí no hubiera encontrado lo mismo que aquí.Aqui estoy fenomenal en todos los sentidos,los profes son muy majos,en mi casa estoy muy bien ,pero sobretodo estoy contenta de la gente con que he chocado.Salir con mis amigas en Alcoi se había convertido en una rutina que muchas veces inetentaba esquivar por aburrimiento,y que me perdonen mis amigas porque las quiero un montón.Incluso salir con mi mejor amiga ,a quien tanto quiero y agradezco su afán por intentar comprender mis rebuscados pensamientos,se había convertido en algo cansado.Pero fue llegar aquí y ver como mi vida cobraba el sentido que durante bastante tiempo me tenía sumida en una espiral de dudas,por no saber que era la causa de que hubiera dias en que la tristeza me embargaba sin razón aparente.Por fin estoy enamorada de mi vida.Me gusta con locura cada cosa que hago.Y me vuelve loca hablar con vosotros y sentirme una más.Me encanta poder compartir mis hobbies con vosotros,porque hasta ahora,y no es broma, los compartía con mi padre. Nunca me he sentido mejor por ver que una cosa no me ha salido como a mi me hubiera gustado y se que esto en parte es gracias a vosotros.
Mire
Qué bonica! por fin alguien rompe el silencio!. Tranquila que ya te aburrirás de discutir de política con nosotros,,, jejeje. Y que sepas que nosotros, o al menos yo, me alegro de que no estes en Valencia!
Respecto al asunto de la entrada, el lenguaje evoluciona, tanto como los conceptos. Pero hay gente que no evoluciona: la ciencia y, por ende, los estudios sobre conductas sexuales, son el dedo de Tomás en la yaga de la verdad; la Iglesia es el santo manco, incapaz de meter el dedo en esa yaga para aceptarla.
César Noragueda
Antes que nada, si kieres saber quien soy, notificalo, y te lo digo en privado, no quiero llamar demasiado la atencion.
Mira colega, esta claro que te has aprendido muy bien el discurso de la semántica, pero si se te hubiera ocurrido empezar a pensar por ti mismo cuando estabas en el colegio, ahora no estarias vomitando palabras ajenas. No quiero extenderme mucho en este tema en particular, porque a por quien voy es a por ti, pero vete a hablarle de semántica a un homosexual, criado, y practicante de las doctrinas catolicas(que reconozco que tampoco habrá muchos)que no puede realizar el sacramento del matrimonio que dicta su fe porque, segun la interpretación de la Iglesia de las escrituras, no es como Dios manda.
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